Los churros de la mañana En Madrid, Tomás está en la calle con su carro. Tomás da churros desde muy temprano. Hoy vuelve a su trabajo después de dos días. La mañana es fría. Tomás tiene fuego, agua y una caja. También tiene poco dinero. Lola vive cerca de la calle. Lola pasa por allí todos los días. Lola quiere churros antes de ir al trabajo. Ella siempre tiene dinero, pero nunca tiene el dinero justo. Hoy mira su dinero antes de ir. —Buenos días, Tomás. —Buenos días, Lola. —¿Hay churros? —Sí. Hay churros. —¿Cuánto son? —Son dos. Lola mira su dinero. Tiene tres. —Tengo tres —dice Lola—. ¿Tienes uno? —No tengo uno —dice Tomás—. Hoy no. —Yo tampoco tengo dos. —Entonces espera un poco. Tomás mira dentro de la caja. Mira una vez más. Hay poco dinero. Lola espera junto al carro. Hay gente en la calle, pero nadie está cerca. Tomás da dos churros a un hombre. El hombre le da dos. Tomás deja el dinero en la caja. —Ahora tienes dos —dice Lola. —Sí, pero necesito uno. —Te doy tres. —No puedo darte uno. —Entonces no puedo llevarlos. —Espera un poco, Lola. Lola mira la hora. Tiene que ir al trabajo. Mira otra vez su dinero. Tiene tres. Luego tiene una idea. —Tomás, ¿puedo darte tres mañana? —¿Mañana? —Sí. Hoy me das dos churros. Mañana te doy tres. Tomás mira a Lola. Después mira la caja. Después mira la calle. —¿Siempre dices eso? —Siempre tengo el dinero mal. —Eso ya lo sé. —Mañana sí te doy tres. —¿Y si mañana tienes cinco? —Entonces te doy cinco otro día. Tomás no habla. Toma dos churros y los pone en un papel. El papel es pequeño. Lola mira los churros, pero no toma el papel. —No quiero que pierdas dinero —dice Lola. —Yo tampoco quiero perder dinero. —Entonces no me los des. —Hoy tienes trabajo. —Sí. Tengo que ir ahora. —Y yo tengo que estar aquí. —Sí. Tomás mira de nuevo la caja. Dentro hay dos monedas y nada más. Las deja juntas. Luego mira a Lola. —Mañana me das tres. No cinco. —Tres. —Y vienes temprano. —Voy temprano. —Antes de que llegue la gente. —Antes de que llegue la gente. Tomás le da el papel con los churros. Lola toma el papel. Después mira a Tomás. —Gracias. —Mañana, tres. —Mañana, tres. Lola va hacia la calle. Después se para y vuelve dos pasos. —Tomás. —¿Qué? —¿Y si mañana tengo uno? Tomás toma la caja y la cierra. —Entonces me das uno y vienes otro día. Lola mira el papel en su mano. —Vale. Mañana vengo. Tomás abre otra vez la caja. Lola sigue hacia su trabajo con los dos churros.