Las plantas de Marta Hoy es lunes y Marta sale por una semana. Elena está en su casa, frente a la puerta de Marta. En la puerta hay una hoja con un nombre y un número. Marta tiene trabajo fuera de la ciudad. Antes de irse, toca la puerta de Elena. —Hola, Elena. ¿Puedes hacerme un favor? —Sí, claro. ¿Qué pasa? —Necesito agua para mis plantas. Solo por una semana. —Sí puedo. ¿Cuándo necesitan agua? —Por la mañana. Esta tiene poca agua. Esta tiene mucha. —¿Y la puerta? —Aquí está la llave. La puerta está bien. —¿Vuelves el lunes? —Sí. Vuelvo el lunes. Gracias. —No es nada. Marta le da la llave y una bolsa. En la bolsa hay dinero y una lista. La lista dice: agua, pan, café. Elena mira la lista, pero no pregunta. Marta toma su bolsa y sale a la calle. El martes, Elena entra en la casa de Marta. La casa es pequeña y está limpia. Hay seis plantas junto a la ventana. Hay una planta alta en la mesa. Hay otra planta en la cocina. Elena toma el agua y habla con las plantas. —Una vez cada día. Eso dijo Marta. Elena pone agua en cada maceta. Después mira la mesa. Hay un café, un teléfono y una foto. En la foto está Marta con una niña. La niña tiene una flor en la mano. Elena deja la foto en su lugar. El miércoles, Elena vuelve con el agua. En la mesa hay una nota nueva. «Elena, la planta de la cocina necesita más agua. La niña es mi hija. Se llama Ana. Hoy tiene una fiesta en la escuela. Yo no puedo ir. Gracias.» Elena lee la nota dos veces. Después pone agua en la planta de la cocina. Mira la foto otra vez. La niña tiene la misma cara que Marta. El jueves, Elena encuentra otra nota junto al café. «Trabajo de noche. Por eso duermo de día. La casa está sola muchas horas. Las plantas tienen mi tiempo.» Elena deja el agua y se sienta un momento. En la casa no hay música. Se oye un coche fuera. Se oye una puerta. Elena mira el reloj. Luego toma la llave y sale. El viernes, Marta llama por teléfono. —Hola, Elena. ¿Todo está bien? —Sí. Las plantas tienen agua. —¿La planta alta también? —Sí. Pero tiene una hoja mala. —Córtala, por favor. —¿La corto ahora? —Sí. Y pon la hoja en la basura. —Está bien. ¿Y tú? —Estoy cansada. Hay mucho trabajo. —¿Ana está contigo? —No. Está con mi hermana. Yo vuelvo el lunes. —Entonces la casa está muy sola. —Sí. Pero las plantas están con ella. Elena no sabe qué decir. Mira sus propias plantas, que están junto a la ventana. Una tiene una hoja nueva. Elena nunca había visto esa hoja. —Marta, ¿quieres que te lleve algo mañana? —No, gracias. —¿Pan? ¿Café? —Café, si puedes. El mismo de la bolsa. —Sí puedo. —Gracias, Elena. —De nada. El sábado, Elena compra café. Deja el café junto a la puerta de Marta. Luego ve una maceta en el suelo. La maceta está fuera de la casa. Tiene una planta muy pequeña. Elena toca la puerta, aunque Marta no está. Después toma la maceta y la pone junto a la ventana. La planta recibe luz. Elena mira la hora y vuelve a su casa. El lunes, Marta llega temprano. Elena está en la puerta con la llave y el café. Marta mira las plantas antes de mirar a Elena. —Están bien —dice Marta. —La pequeña estaba fuera. —Ana la puso ahí. Dijo que no podía ver la luz. —Ana tiene razón. —¿Quieres entrar? Tengo café. —Sí, gracias. Marta abre la puerta. Elena entra con ella. En la mesa hay dos tazas. Marta toma una taza y Elena toma la otra. La planta pequeña está junto a la ventana.