El Paso Alto Mateo y Leo están en su casa antes de salir. Hoy deben cruzar el Paso Alto a pie. Mañana la nieve cierra el paso. En la mesa hay pan, queso, agua y poco dinero. También hay una cuerda, un mapa y una pequeña caja. —¿Está todo? —pregunta Mateo. —Está todo —dice Leo. —¿La comida? —La comida está aquí. —¿El agua? —El agua está aquí. Mateo mira por la ventana. La calle está vacía. El cielo está gris. En la montaña hay nieve nueva. —Vamos ahora —dice Mateo. —Vamos ahora —dice Leo. Mateo cierra la puerta. Leo lleva la caja. Mateo lleva la mochila. Los dos pasan la calle y toman el camino hacia el río. El camino está mojado. El agua baja entre las piedras. Después de una hora, llegan al puente. El puente es viejo y está bajo el agua. —No podemos pasar por aquí —dice Leo. —Podemos pasar por allí —dice Mateo. Mateo mira el río. Hay una parte baja, junto a una roca grande. Ata la cuerda a un árbol y entra en el agua. —Espera aquí —dice Mateo. —No —dice Leo—. Voy contigo. —El agua está fría. —Voy contigo. Leo toma la cuerda. Los dos entran en el río. El agua llega a sus piernas. El viento golpea sus caras. Mateo va primero. Leo va detrás. Una piedra se mueve bajo el pie de Mateo. Mateo cae de rodillas. La mochila cae al agua. —¡La mochila! —grita Leo. Leo toma la cuerda con una mano. Con la otra toma la mochila. Mateo se levanta y llega a la roca. —¿Estás bien? —pregunta Leo. —Estoy bien. Dame la mochila. —No. Yo la llevo. Mateo mira a Leo. Después mira el camino que sube. —Está bien —dice Mateo—. Tú la llevas. Suben por la montaña. El camino termina después de unos minutos. Luego solo hay roca, hielo y nieve. Leo mira el mapa. Mateo mira el cielo. —El paso está arriba —dice Mateo. —La nieve está muy alta —dice Leo. —Tenemos que seguir. —Seguimos. El viento aumenta. La nieve entra en los ojos. Leo ata la cuerda a la mochila y la pone sobre su espalda. Mateo camina detrás de él. —¿Ves el árbol? —pregunta Mateo. —Veo un árbol. —Vamos hasta el árbol. Llegan al árbol. Allí hay una pequeña casa de piedra. La puerta está cerrada. Mateo golpea tres veces. Nadie responde. —Tenemos que entrar —dice Leo. —La puerta no abre. Leo mira junto a la pared. Encuentra una piedra suelta. La quita. Debajo hay una llave. —La llave está aquí —dice Leo. Abre la puerta. Dentro hay una mesa, dos camas y madera seca. Mateo deja la mochila. Leo cierra la puerta. —Tenemos que esperar aquí —dice Mateo. —No podemos esperar —dice Leo. Mateo mira el mapa. Luego mira la ventana. La nieve cae más fuerte. —El paso está cerca —dice Leo—. Si esperamos, no salimos. Mateo guarda el mapa. —Tú vas delante —dice. Leo toma la cuerda. Mateo toma la caja. Salen de la casa y suben otra vez. La nieve llega a sus rodillas. Leo encuentra las piedras del camino y las señala. —Pon el pie aquí —dice Leo. Mateo pone el pie allí. —Ahora aquí. Mateo sigue. Arriba, el viento tira a Leo al suelo. Mateo toma la cuerda y lo levanta. —Ahora voy delante yo —dice Mateo. —No —dice Leo—. El camino está aquí. Leo sigue. En la última roca, encuentra una señal de madera. El Paso Alto está al otro lado. Los dos cruzan antes de la noche. Al bajar, Leo no entrega la cuerda. Mateo no toma el mapa. En el pueblo, Leo abre la puerta de una casa y dice: «Ya llegamos. Ahora necesito comida y fuego».