La primera entrada Clara está en el cine a las cinco. Hoy empieza su primer trabajo. Lleva una camisa blanca y dinero en caja. Mañana tiene una cita con Leo. Necesita dinero para pagar la cena. Mateo, el jefe, mira la caja. —Primero tomas el dinero —dice Mateo—. Después das la entrada. —Primero dinero, después entrada —dice Clara. —Y mira bien cada número. —Miro bien cada número. Mateo pone diez sobre la mesa. —Una entrada cuesta seis. Clara toma el dinero y da cuatro. —Muy bien —dice Mateo—. Ahora otra vez. Mateo pone veinte sobre la mesa. —Dos entradas cuestan doce. Clara toma el dinero y da seis. Mateo no toma el dinero. —Clara, mira bien cada número. —Dos entradas cuestan doce —dice ella. —Sí. —Entonces doy seis. —No. Das ocho. Clara cuenta con los dedos. —Es verdad. Lo siento. —No lo sientas. Hazlo otra vez. Mateo pone veinte sobre la mesa. —Dos entradas cuestan doce. Clara toma el dinero y da ocho. —Primero dinero, después entrada —dice Mateo. —Y miro bien cada número. —Ahora ya puedes trabajar. Clara mira la puerta del cine. —¿Qué película has visto más veces? —Todas —dice Mateo. —Eso no puede ser. —Dime una película. Clara mira la lista de la pared. —La casa bajo la tierra. Mateo habla con una voz muy baja. —No abras esa puerta, Ana. —¿Y después? —Ana dice que no tiene miedo. —¿Y después? —Abre la puerta y encuentra al perro. Clara mueve la cabeza. —Eso pasa al final. —Pasa en el minuto cuarenta y dos. La puerta se abre. Leo entra solo. Lleva su ropa de escuela. Clara pone las manos bajo la mesa. —Hola —dice Leo—. No sabía que trabajabas aquí. —Hoy es mi primer día. —Quiero una entrada, por favor. —Son seis. Leo pone diez sobre la mesa. Clara toma el dinero y da seis. Mateo habla desde su lado. —Mira bien cada número. Clara mira su mano. —Perdón. Son cuatro. Leo deja dos sobre la mesa. —Puedes tomarlo para nuestra cena. —No puedo tomar más dinero. —Entonces mañana pago yo. —No. Mañana pagamos los dos. —De acuerdo. Dame mi entrada. Clara le da la entrada. —¿Qué película vas a ver? —La casa bajo la tierra. Mateo aparece junto a Clara. —El perro está detrás de la puerta. Leo abre mucho los ojos. —¿Eso es parte de la película? —Es el minuto cuarenta y dos —dice Clara. —Mateo sabe todas las películas. —No todas —dice Mateo. Clara lo mira. —Antes dijiste todas. —Hay una nueva esta noche. —¿Y no sabes qué pasa? —Todavía no. Leo guarda la entrada. —Puedo decirte el final después. —No, gracias —dice Mateo. —Pero tú dices los finales. —Yo trabajo aquí. —Yo también trabajo aquí —dice Clara. Mateo mira su camisa blanca. —Eso parece. Leo camina hacia la sala. Luego vuelve a la caja. —Clara, mañana son las siete, ¿verdad? —Sí, a las siete. —¿Tengo que llevar una camisa blanca? —No. Eso es para trabajar. —Bien. Solo tengo una camisa blanca. —Entonces no la lleves. Leo mira a Mateo. —¿Ella siempre da mal el dinero? —Es su primer día —dice Mateo. Clara pone veinte sobre la mesa. —Dos entradas cuestan doce. Leo cuenta el dinero. —Debes dar ocho. Clara le da ocho a Mateo. —Primero dinero, después entrada —dice ella. —Y mira bien cada número —dice Leo. Clara le señala la sala. —Vete. La película ya empieza. Leo corre hacia la puerta. Mateo toma los ocho y los pone en caja. —Ahora sí —dice Mateo. Clara abre la caja y toma los ocho. —No. Primero entra el dinero.