La hora de Tomás Tomás trabaja con relojes en su casa. Hoy debe entregar un reloj importante. Marta viene a buscarlo a las ocho. Es un regalo para su esposo. Tomás está en la mesa, con una mano bajo el reloj. Con la otra mano busca una pieza. El reloj dice las ocho y diez. Afuera, la calle dice las nueve. Marta toca la puerta. Tomás mira la hora. Después mira la calle. Luego mira el reloj. —Hola, Tomás. Vengo por mi reloj. —Hola, Marta. Ya está casi listo. —¿Casi listo? —Sí. Solo falta una cosa pequeña. —¿Qué cosa? —La hora. Marta mira el reloj. El reloj dice las ocho y diez. —La hora está ahí. —Sí, pero no es la hora correcta. —¿Qué hora es? —Las ocho y diez. —Tomás, son las nueve. Tomás toma otro reloj de la mesa. Ese reloj dice las siete. —Este dice las siete —dice Tomás. —Ese reloj no funciona. —Funciona muy bien. Solo va tarde. —¿Cuánto tarde? —Una hora. Marta deja su bolsa en la mesa. —Mi reloj también va tarde. —No. Tu reloj va bien. —¿Cómo lo sabes? —Porque yo lo hice. Marta mira la calle otra vez. Una mujer pasa con un perro. El perro pasa delante de la casa. Marta mira el reloj de la pared. Dice las ocho y media. La calle dice las nueve y veinte. —Tomás, todos tus relojes van tarde. —No todos. —Mira la pared. —Ese reloj está haciendo una prueba. —¿Qué prueba? —La prueba de la tarde. Marta toma el reloj del regalo. —Necesito este reloj hoy. —Lo sé. —Mi esposo cumple años hoy. —Lo sé. —La comida empieza a las diez. —Lo sé. —Y yo todavía estoy aquí. —Eso sí es un problema. Tomás abre el reloj. Caen dos piezas sobre la mesa. —No pasa nada —dice Tomás. —¿No pasa nada? —Las piezas están aquí. —Una pieza está en tu café. Tomás mira la taza. Saca una pieza del café y la deja sobre la mesa. —Ahora están todas. —¿Todas? —Todas las importantes. Marta mira la puerta. —¿Puedes arreglarlo antes de las diez? Tomás toma un reloj pequeño. —Sí. Son las nueve y veinte. —Son las diez menos diez. —Para este reloj, hay tiempo. —Para mí no hay tiempo. —Entonces debes irte. —Sin el reloj. —No. Con el reloj. Tomás mueve una pieza. El reloj suena. Dice las diez. Marta levanta la cabeza. —¿Ya son las diez? —Para este reloj, sí. —¿Y para ti? Tomás mira la calle. La mujer vuelve con el perro. Ahora el perro lleva una bolsa en la boca. —Para mí son las nueve y veinte. Marta toma el reloj y su bolsa. —Tomás, hoy llegas tarde. —¿A dónde? —A mi casa. —¿Para qué? —Para arreglar todos tus relojes. Tomás mira la pared. —Puedo ir mañana. —Mañana también llegarás tarde. —Sí. —Entonces ven ahora. Tomás busca su abrigo. Encuentra una llave, dos monedas y otro reloj. —Este reloj dice las ocho. —Déjalo. —No puedo. —¿Por qué? —Tengo que llegar tarde con él. Marta abre la puerta. —Vamos, Tomás. Tomás apaga la luz, toma el reloj y cierra la casa. En la calle, Marta mira su reloj. —Son las diez y cinco. Tomás mira el suyo. —Son las nueve y veinte. —¿Vienes? —Sí. En cinco minutos. Marta entra en su casa sola. Tomás llega cuando la comida termina. Deja el reloj sobre la mesa y dice: —Buenas noches. ¿Todavía es hoy?