Los tres minutos En el gimnasio de la ciudad, Tomás espera su primer combate. Hoy cumple cuarenta años y pelea por primera vez. En la oficina lleva cuentas desde hace muchos años. Esta noche deja la oficina, la casa y las cuentas. Marta está junto a la puerta. Tiene una bolsa con agua y ropa. “Tomás, todavía puedes volver a casa”, dice. “No”, dice Tomás. “Hoy peleo.” “¿Por qué hoy?” “Porque ya estoy aquí.” Leo, el profesor, levanta los guantes. “Mira el centro”, dice. “No bajes las manos.” Tomás mueve la cabeza. Su cuerpo está duro. Tiene las manos frías y la boca seca. Bruno espera al otro lado. Tiene treinta años. Mira a Tomás y luego mira a Leo. “¿Él es tu rival?” pregunta Bruno. “Sí”, dice Leo. “Es Tomás.” “Parece cansado.” “Está listo”, dice Tomás. Marta se acerca. “¿Estás listo?” “Estoy listo.” “¿Puedes seguir?” “Puedo seguir.” “¿Puedes terminar?” Tomás mira sus guantes. “Puedo terminar.” Suena la campana. Bruno va hacia él. Tomás levanta las manos. El primer golpe llega a su cara. Tomás da un paso atrás. Bruno llega otra vez. Tomás toca su cuerpo con el guante izquierdo. “Bien”, dice Leo. “Mira el centro.” Tomás respira. Bruno mueve los pies. Tomás intenta otro golpe, pero golpea el aire. Bruno golpea su boca. Tomás siente sangre. “¡Tomás, manos arriba!” grita Leo. “Estoy aquí”, dice Tomás. “No estoy lejos.” Bruno escucha y sonríe. Luego golpea su cuerpo. Tomás dobla las piernas, pero no cae. La campana suena. Tomás vuelve a su esquina. Se sienta. Marta pone agua en su boca. “Tomás, ¿puedes seguir?” “Puedo seguir.” “¿Puedes ver?” “Sí, puedo ver.” “¿Puedes terminar?” “Puedo terminar.” Leo limpia la sangre. “No busques un golpe grande”, dice. “Haz un golpe y vuelve.” “¿Cuánto tiempo queda?” pregunta Tomás. “Dos minutos.” “Es mucho tiempo.” “Es tiempo.” Bruno espera en el centro. Tomás sale primero. Golpea su pecho. Bruno golpea su cara. Tomás siente dolor en la cabeza. Sus piernas son lentas. La oficina aparece en su cabeza. Ve una mesa, una carta y una cuenta sin pagar. Bruno golpea otra vez. Tomás baja una mano. El guante llega a su ojo. Tomás cae de rodillas. El gimnasio queda en silencio. “Tomás, mírame”, dice Leo. “Estoy aquí.” “Levántate.” Tomás pone una mano en el suelo. “No puedo.” “Sí puedes. Ponte de pie.” Tomás se levanta antes de que termine la cuenta. Marta grita: “¡Tomás, vuelve!” Tomás mira a Bruno. Bruno respira fuerte. También tiene sangre en la boca. Tomás avanza. Da un golpe al cuerpo y otro a la cara. Bruno retrocede. Suena la campana final. Los dos se quedan en el centro. Tomás no levanta los brazos. Bruno tampoco. El juez habla con el micrófono. “El resultado es empate.” Marta abraza a Tomás. “¿Estás bien?” “Sí.” “¿Ganaste?” “No.” “¿Perdiste?” “No.” “¿Vas a volver?” Tomás mira sus guantes mojados. “El lunes tengo trabajo.” Leo le quita un guante. “¿Y mañana?” pregunta. Tomás mira la sangre en la toalla. “Mañana pago la cuenta.” Marta toma la bolsa y abre la puerta. Tomás camina con ella hacia la calle.