La lista bajo la mesa Laura está en el café de la estación. Hoy vuelve a casa después de trabajar lejos. Su bus sale en veinte minutos. Toma café y mira la hora. Cuando levanta su bolsa, ve otra bolsa. Es negra y está bajo la mesa. Laura mira las otras mesas. —¿Esta bolsa es de alguien? —pregunta Laura. Nadie responde. Laura llama al hombre del café. —Perdón, encontré esta bolsa bajo la mesa. —No es nuestra —dice Mateo—. Quizá alguien la dejó. —Mi bus sale pronto. —Puede dejarla aquí. Laura ve un papel junto a la bolsa. El papel tiene una lista escrita a mano. Solo hay tres cosas. «Café sin azúcar. Pan para Ana. Bus de las cinco, puerta dos». Laura mira su teléfono. Son las cuatro y cuarenta. —Mateo, ¿alguien tomó café sin azúcar aquí? —Mucha gente toma café sin azúcar. —¿Alguien estaba en esta mesa? Mateo mira la mesa y piensa. —Sí, una mujer estaba ahí. —¿Tenía esta bolsa negra? —No lo sé. Ella tenía muchas cosas. —¿Qué pidió? —Café sin azúcar. —Entonces la lista puede ser suya. —Puede ser. También habló del pan. —¿Qué dijo? —Preguntó dónde podía comprar buen pan. Laura toma la bolsa negra y el papel. —La tienda está al lado —dice Mateo. —Gracias. Vuelvo si no encuentro nada. Laura entra en la pequeña tienda. Una joven pone pan dentro de cajas. —Hola, ¿tú eres Ana? —pregunta Laura. —Sí, soy Ana. —Encontré esta lista bajo una mesa. Ana lee el segundo punto. —«Pan para Ana» —dice Laura—. ¿Esperas pan? —Mi hermana me trae pan cada viernes. —¿Tu hermana estuvo en el café? —Sí. Elena toma café antes del bus. —¿Esta bolsa es de Elena? Ana mira la bolsa, pero no la toca. —La bolsa de Elena es negra. —Muchas bolsas son negras. —La suya tiene una pequeña cinta verde. Laura mira una de las manos de la bolsa. Allí hay una cinta verde. —¿Dónde está Elena ahora? —Su bus sale a las cinco. —¿Por qué puerta? —No lo sé. Laura muestra el último punto. —Puerta dos —dicen las dos. Laura sale de la tienda. Faltan diez minutos. En la puerta dos espera una mujer. Mira bajo los asientos y dentro de una caja. —¿Busca una bolsa? —pregunta Laura. La mujer levanta la cabeza. —Sí, una bolsa negra. —¿Tiene una cinta verde? —Sí. ¿Dónde la encontró? —Bajo una mesa del café. La mujer da un paso, pero Laura guarda la bolsa. —Perdón, necesito estar segura. —Claro. Pregunte. —¿Qué hay dentro? —Una camisa azul, dinero y un regalo. —¿Para quién es el regalo? —Para Ana. Hoy es su cumpleaños. —¿Y qué regalo es? —Un libro de cocina. Tiene papel blanco. Laura abre un poco la bolsa. Ve la camisa azul y el papel blanco. También ve una parte del libro. —Usted es Elena —dice Laura. —Sí. Y usted encontró mi bolsa. Laura le da la bolsa. —También encontré su lista. Elena mira el papel y luego la hora. —Mi bus sale ahora. ¿Y el suyo? Laura mira hacia la puerta cuatro. —El mío también. Mateo llega con la bolsa de Laura en la mano. —¡Laura! Dejó su bolsa junto al café. Laura toma su bolsa y mira a Elena. —Parece que hoy las bolsas quieren viajar solas. —Esta vez, vamos con ellas —dice Elena. Las dos toman sus bolsas y corren hacia sus buses.