El último autobús En la parada de la calle Norte, Ana espera el autobús. Hoy es su último día en ese autobús. Ana toma el autobús cada mañana para ir al trabajo. Luis toma el mismo autobús y se sienta cerca de ella. Nunca hablan. Hoy Luis llega antes y guarda un asiento. Ana llega y mira el asiento. Luis se levanta un poco. —Aquí está libre. —Gracias. Ana se sienta junto a la ventana. Luis se sienta a su lado. El autobús llega tarde. Los dos miran la calle. —Hoy no vienes mañana —dice Luis. Ana lo mira. —¿Cómo sabes eso? —Te escuché ayer. Dijiste que era tu último día. —Sí. Mi trabajo está en otra parte. —¿Muy lejos? —No. Está cerca. Puedo ir a pie. El autobús llega. El conductor abre la puerta. Ana y Luis suben juntos. Luis paga su dinero. Ana paga después. —¿Cómo te llamas? —pregunta Luis. —Ana. ¿Y tú? —Luis. —Ya lo sabía. —¿Cómo? —Tu amigo te llamó ayer. —No es mi amigo. Es mi hermano. Ana mira a Luis y luego mira adelante. El autobús empieza a andar. —¿Tienes hermanos? —pregunta Luis. —Tengo uno. Vive lejos. —¿Y tú vives cerca? —Sí. Vivo en la casa de mi madre. —¿Con tu madre? —Sí. También está mi hija. Luis baja la cabeza. Sus manos están sobre sus piernas. —¿Tienes hija? —Sí. Tiene cuatro años. —No lo sabía. —Nunca me preguntaste. —No sabía cómo hacerlo. Ana mira sus manos. Luego mira a Luis. —Ahora sabes mi nombre. —Ahora sé tu nombre. —¿Y qué más quieres saber? Luis mira la puerta del autobús. —Quiero saber si puedo verte otra vez. Ana no responde. El autobús pasa la calle Norte. Después pasa la tienda y la casa grande. —Puedes verme —dice Ana. Luis la mira. —¿Cuándo? —No sé. —¿Hoy? —Hoy no puedo. —¿Por qué? —Mi hija está en casa. Mi madre trabaja hoy. Yo debo volver temprano. —Puedo ir a tu casa. Ana niega con la cabeza. —No. No puedes ir a mi casa. —¿Por qué? —Porque no es mi casa. Es la casa de mi madre. Luis guarda silencio. El autobús se detiene frente a la oficina de Ana. Ella toma su bolsa. —¿Tienes teléfono? —pregunta Luis. —Sí. —¿Puedo tener tu número? Ana mira la puerta. Después mira a Luis. —No puedo darte mi número. —¿Por qué? —Tengo un hombre en mi vida. Luis deja de mirar la puerta. —¿Tu marido? —No. Mi novio. —¿Está en esta ciudad? —Está lejos. Pero es mi novio. —Entonces no puedo verte. —No ahora. Ana se levanta. El autobús abre la puerta. Ella baja un paso y vuelve a mirar a Luis. —Luis. —¿Sí? —Mañana no voy a tomar este autobús. —Ya lo sé. —Pero tú sí vas a estar aquí. —Sí. —Entonces espera una semana. —¿Para qué? —Para saber si todavía quieres mi número. Luis se levanta. El conductor mira hacia atrás. —Ana, espera. —¿Qué? Luis saca un papel de su bolsillo. Escribe su número y se lo da. —No tienes que llamarme hoy. Ana toma el papel. —¿Y si nunca llamo? —Entonces esperaré una semana. —¿Y después? —Después esperaré otra semana. Ana baja del autobús. Camina dos pasos y se detiene. Mira el papel. Luego vuelve a la puerta. —Luis. —¿Sí? —Mi novio está lejos. —Sí. —Y yo estoy aquí. Luis no dice nada. Ana guarda el papel en su bolsa y cierra la puerta.